La estafa del SEPE: Incompetencia y mafia (Made in Spain)

 Aloha humanos,

Estamos a día 15 de enero y ya me bota el párpado del ojo izquierdo y la yugular la tengo más hinchada que la de un culturista a base de arroz y pollo. Quería esperar unos días para escribir nuevo post pero hay tantos absurdos brillando como neones a mi alrededor que no puedo dejarlos pasar por alto.

Como ya vengo evidenciando en este blog vivimos bajo un gobierno ineficiente y unas instituciones públicas que funcionan peor que las pistolitas de feria. Y no, no me creo que sea casualidad. Es estadísticamente imposible que todo funcione tan mal y que nadie haga nada si no hay una intencionalidad expresa detrás para que funcione exactamente como ellos quieren.

Hoy vengo a hablaros del SOC / SAE / SEPE, de las pésimas ideas políticas del Ministerio de Trabajo y de un cuerpo policial —en este caso los Mossos d’Esquadra— que parecen servir para poco más que recaudar impuestos, poner multas y pasearse en coche gastando gasolina. Porque en la teoría están para servir y proteger pero en la práctica persiguen a quien no lleva la baliza V16 y demás chorradas viarias mientras lo importante se pudre.

Para que entendáis cómo he llegado a escribir este post —y porque quizá mi experiencia le sirva a alguien para saber cómo no relacionarse con estos entrañables engranajes de la administración— es necesario remontarnos a 2025 año del que todavía sigo arrastrando mierdecilla.

El inicio del descenso burocrático

En octubre de 2025 inicié los trámites para solicitar la prestación por desempleo. La mudanza de mis padres me impedía trabajar durante un tiempo y necesitaba por segunda vez en 15 años cotizados recurrir al paro.

Para calcular la prestación se basan en los últimos 180 días cotizados. En mi caso esos días comprendían dos trabajos: un ayuntamiento, donde estuve 4 años, y un hospital concertado, donde trabajé desde mediados de junio hasta octubre, lo que además me permitió tener a mi padre a mano en la misma institución.

Es decir debían computarme dos meses del ayuntamiento (hasta mediados de junio) y el resto correspondiente al hospital (de junio a octubre).

Hasta aquí todo bastante claro. Demasiado quizá.

El Jumanji del SEPE y el mito del progreso

Cuando por fin tras muchos intentos consigo cita en el SOC (SAE en otras comunidades) me mandan al SEPE.

Paréntesis necesario: ¿ningún otro humano por aquí se ha enfrentado al Jumanji que supone coger hora en esta institución pública? Porque si eso es accesibilidad que baje Kafka y lo vea.

Finalmente consigo cita. Voy. Me siento. Y entonces me comunican que la empresa (el hospital) no ha enviado los certificados de empresa. Resultado: no pueden tramitarme la prestación.

Pequeño detalle sin importancia: tienes 15 días para solicitar el paro y si no lo haces te quedas sin nada.

Mi cara en ese momento era digna de museo.

¿No se supone que estamos en pleno progreso digital? ¿No se supone que ahora todo es más fácil?

Antes la empresa te daba los papeles en mano y tú tramitabas tu paro. Ahora a algún político iluminado se le ocurrió que al trabajador ya no se le da ningún papel porque "la empresa lo envía directamente al SEPE".

Spoiler: NO LO HACE.

Según la trabajadora del SEPE las pequeñas y medianas empresas y las privadas cumplen sin fallo alguno. Pobres de ellas porque en este país hay una corriente de pensamiento bastante instalada que presupone que un empresario o una empresa privada es literalmente EL MAL.

La realidad sin embargo es bastante menos cómoda: los organismos públicos, la administración pública, son los que se lo pasan todo por el forro y no envían los papeles.

No soy la primera que ha trabajado en ese hospital y llega al SEPE con cara de tonta. Palabras textuales de la señora.

Pero oye viva lo público, qué bien lo público, para esto pagamos impuestos.

Salgo de la oficina patidifusa y llamo a RRHH del hospital. La respuesta es de manual:

"Vaya no sabemos qué ha podido pasar lo enviamos inmediatamente".

Claro que sí.

La carrera de obstáculos y el castigo a la responsabilidad

Cinco días más tarde consigo otra cita. A 40 km de mi pueblo. Porque las horas del SEPE solo se dan entre las 9.00 y las 9.05 de la mañana. Si en este tiempo no la tienes, espérate hasta mañana y así, cada día.

Cuando llego la trabajadora me dice que los papeles del hospital ya han llegado y que según mi cotización me corresponderían 1.700 €.

PEEEERO…

Como no tengo hijos el límite está en 1.200 € durante dos años.

Aquí empieza a rechinarme el alma.

A ver si lo entiendo o si alguien me lo puede explicar despacio: he estudiado, he trabajado, he cotizado alto y he sido responsable.

¿Y debo cercenar mi prestación porque otra persona quizá con menos consciencia de su contexto vital decidió tener hijos? Perdón, yo no soy una ONG.

He pasado la treintena de sobras. Soy mujer. Y si no he tenido hijos será porque me lo he pensado bien, porque sé cómo están las cosas y porque mi situación personal no es para traer un crío al mundo.

Pero resulta que hoy en día tener consciencia se penaliza aunque trabajes y cotices más. 

Bien España. Vas de lujo.

“Tranquila está todo hecho” (mentira)

La trabajadora del SEPE me comenta que el programa informático no funciona —vaya sorpresa— pero que me puedo ir tranquila porque todo está tramitado y cobraré 1.200 €.

Me voy jodida pero contenta. Al menos no se me han pasado los 15 días.

Mi sorpresa llega el día 10 del mes siguiente: ingreso de 600 miserables euros.

Me abrumo. Me asusto. Me agobio.

Intento hablar con el gestor de Cataluña. No está. Está ausente.

Una amiga me dice que quizá es la parte proporcional de medio mes. Intento convencerme. Pero no las tengo todas conmigo. 

Es diciembre y tengo que ir a Barcelona por temas de mi padre gestiones y visitas médicas. Me quedo allí unos días.

Cuando vuelvo el 14/12/2025 veo una carta en el buzón. Es del SEPE.

En la carta —no certificada por supuesto— el SEPE me cercena la cotización diaria de 58 € a 25 €.

En el papel pone que tengo 30 días para reclamar. Problema: el plazo ya ha pasado.

Con todos los medios digitales existentes, notificaciones electrónicas y certificados digitales: ¿cómo cojones el SEPE envía una carta sin certificar sin saber si estás en casa, si la has recibido o si siquiera te has enterado?

Intento localizar al gestor. Nada.

Llegan las fiestas.

Cuando por fin ya en enero otro gestor, esta vez de Málaga (más competente y trabajador que el catalán) revisa el caso me dice la frase final del absurdo:

"El problema es que el SEPE no ha computado el trabajo del ayuntamiento porque el ayuntamiento TAMPOCO envió el certificado de empresa."

Silencio. Ira. Coraje. Ganas de prenderle fuego a todo el mundo. No doy crédito. 

Cómo está la situación ahora

Una vez consigo por fin el certificado de empresa del ayuntamiento, vuelvo a sacar el tablero del Jumanji: intentar coger hora en el SEPE.

Llevo una semana entera intentándolo. Nada. Cero. Imposible.

El sistema es ineficiente —y cada vez tengo más claro que a propósito.

Antes de seguir, conviene recordar cómo funcionaban las cosas antes, porque quizá la gente más joven no lo ha vivido: lo analógico funcionaba mejor que lo digital. Y sí, con la excusa de la digitalización nos la están colando doblada.

Antes ibas con tus certificados de empresa, entrabas en la oficina del SEPE y había una máquina donde marcabas el motivo de tu consulta. Te salía un código con hora para ese mismo día. Te sentabas, esperabas y lo tramitabas. Punto.

Ahora, desde el COVID, el sistema digital permite sacar menos citas al día y mantener oficinas vacías así como alargar sus desayunos.

Yo llevo siete días levantándome pronto, con el portátil y el móvil preparados, y no hay manera.

¿Por qué?

Porque el sistema de citas está secuestrado por mafias no españolas, que acaparan las citas online del SEPE y luego las revenden. Esto afecta a citas para prestaciones, DNI, nacionalidad y otros trámites.

Traducción: el ciudadano que cumple, paga y hace las cosas bien queda fuera del sistema que financia. Mientras otros abren tiendas de móviles y crean un negocio ilegal. 

Hoy, cansada y frustrada, he ido personalmente a la oficina del SEPE. Éramos unas 15 personas en la puerta, de todas las edades: gente que necesita el paro, gente que quiere jubilarse, gente desesperada.

La seguridad y una trabajadora del SOC —interceptada al salir a desayunar— han confirmado que son plenamente conscientes del problema de estas bandas.

Te miran, encogen los hombros y casi te invitan a tirar la toalla.

He llamado a los Mossos d’Esquadra. Se han desentendido y me han derivado a la Policía Nacional.

La Policía Nacional ha sido clara, amable y consciente. Saben que estas bandas existen y están extendidas por toda España.  Policía Nacional ya ha cambiado sus sistemas para trámites como el DNI o la nacionalidad, priorizando certificado digital o Cl@ve, evitando la operación de estas bandas.

El SEPE, en cambio, sigue haciendo oídos sordos.

Mi situación hoy es exactamente la misma que hace un mes. Un mes cobrando menos de lo que corresponde a alguien que ha cotizado durante años., menos que gente que acaba de llegar al país, menos que gente que no a cotizado ni un día, es decir, cobra más uno con la mínima vital que yo que me han quitado entre un 13% y un 27% de IRPF de todas y cada una de mis nóminas.  Un mes atrapada en un sistema diseñado para agotarte

Que esto quede aquí escrito. Que se sepa.

El sistema público hace tiempo que está fracasando. Y luego habrán los que se sorprendan se hay un auge de la derecha.... ¿pero que esperamos si estamos todos mirando hacia otro lado y blanqueando lo que el gobierno hace mal independientemente de las siglas que tenga?

Pero tarde o temprano, créeme, la mierda llegará a tu puerta. ¿Entonces que harás? ¿Llora y patalear?

Y aquí seguimos, humanos: pagando impuestos, atrapados en un sistema que parece diseñado para agotarnos, empujarnos a pagar por fuera o rendirnos. Mientras tanto, algunos se escandalizan por lo que pasa fuera de España, pero lo que ocurre a nuestra puerta lo normalizamos, lo tragamos y lo blanqueamos. 

Que esto quede escrito: el caos, la incompetencia y la ilegalidad están en casa, y nos afectan a todos.

Si este texto te ha resonado, compártelo. Porque ellos son infranqueables, sí, pero yo soy terca como una mula.

Y espero que tú, humano, también lo seas.



Comentarios

  1. Genial.zPerfecto.Maravilloso.Un autentico retrato de la realidad

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

¿Te los has perdido?